Customiza tu cuerpo

Customiza tu cuerpo Quizá la esencia de la moda resida en el intento continuo de modificar la imagen que de nuestro cuerpo, tenemos nosotros mismos y los demás. Somos conscientes de que nuestra intervención consigue cambios más o menos sustanciales que recorren un abanico de posibilidades y una escala de agresividad cuyos límites ponemos nosotros mismos. Las más fáciles y puramente externas como la ropa, el maquillaje, etc. Producen cambios y metamorfosis efímeros, que siguen tendencias a corto plazo; no requieren ritos ni intervenciones dolorosas y son fácilmente reversibles, la piel siempre permanece intacta y pueden repetirse indefinidamente. Pueden considerarse como la máscara del cuerpo: Me quito esta falda y me pongo otra, es así de sencillo.

Supongo que como la adicción al gusto picante en las comidas, hay gente a la que el cuerpo le pide más, y es entonces cuando se da el salto a la modificación del cuerpo más permanente, y el vértigo que produce el caminar por la fina línea de lo casi peligroso, de lo doloroso en mayor o menor grado, produce esa especie de acicate del ánimo que nos lleva a probar lo que conlleva riesgo, lo que producirá un placer después de un dolor.

Las modificaciones del cuerpo permanentes tienen su origen en ritos ancestrales y siguen practicándose hoy en día en numerosas pueblos primitivos, lo cual parece apuntar a que la transformación del propio cuerpo es algo casi consustancial al hombre; de hecho el hombre es la única criatura del planeta que decide manipular su propia apariencia y además tiene el control de esta transformación, hasta llegar a la transformación casi integral con la cirugía estética. Este juego es sin duda placentero, nos permite una interacción continua con nuestro cuerpo, siendo nosotros mismos los creadores, dibujando nuestro propio autorretrato a nuestro antojo y ofreciendo a los que nos rodean una información no verbal de lo que somos, lo que queremos y lo que admiramos. El debate de si esta información es veraz, nos ocuparía mucho tiempo y un nuevo artículo (quizá en ocasiones sólo sea una información de lo queremos ser y no de lo que somos).

Los piercings, tatuajes, modificaciones, implantes, mutilaciones se han convertido en un fenómeno que daría para estudios sociológicos, psicológicos y estéticos, un tema que divide y enfrenta opiniones entre padres e hijos, detractores y defensores en general, médicos, estetas y en definitiva cualquiera que pase por la calle que se sentirá con derecho a exclamar: “Hay que estar loco…â€?

Personalmente no creo que sea un tema al que se puedan poner objeciones serias; no es básicamente diferente a la perforación del lóbulo de la oreja cuando naces, aunque este rito saldría perdiendo en una confrontación ética, ya que te lo practican sin tu consentimiento y cuando no puedes defenderte. El hecho de que sea doloroso es algo que cada cual es libre de elegir y sólo cabría hablar de grado de dolor; depilarse las piernas, las cejas, los tacones; hay un montón de gestos diarios que conllevan dolor y son aceptados. Complicaciones médicas: supongo que no más que otras muchas derivadas del mal uso o abuso de lo que naturaleza nos brinda.

Nos queda solamente el criterio estético y eso es algo tan personal y tan exclusivo que sólo nos permitiría aducir: “A mí no me gusta�, y por cierto, en la mayoría de los casos no deberíamos pasar de ahí cuando se nos pide opinión. En este sentido creo que sería bonito acabar con una frase famosa: “La belleza reside en los ojos del que mira�.

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