Atarse las botas

Atarse las botas Me encantan las botas o botines con cordones, tienen un encanto indefinible, y en su diseño siempre reúnen recuerdos de otras épocas; el Can can y su punto provocativo; las institutrices malas, las niñeras buenas con paraguas, los caminantes sin rumbo y sin dinero, los colegiales de los años 40, la niña de La Casa de la Pradera, las damas dieciochescas…

Lo que para algunas resulta pesado y poco práctico: el hecho de pararse cada mañana un ratito para atarte los cordones de tus botines a mí me gusta. Es como el toque final antes de partir, un momento forzoso de relax entre las prisas de vestirse y arreglarse y las prisas de lo que te espera ahí fuera el resto del día. Es como decir: Hagamos un inciso, llevemos a cabo un ritual antiguo y pasado de moda que por fuerza obliga a tomarselo con calma. Los pensamientos que surgen mientras se anudan unos cordones pueden ser muy provechosos. En ese momento que puede llegar a ser tan beneficioso como una buena postura de Yoga, quizá recuerdes que te has dejado abierto el grifo de la ducha, o quizás vueles hasta una playa desierta.

Estirar ligeramente la pierna para atarse los botines lentamente una vez que estás vestida, peinada, perfumada… Levantarse y con paso decidido cerrar con un portazo. Sentirse Gulliver en el país de Lilliput.

Envía esta noticia a una amiga

Escribe el mail de tu amiga, tu email (para que ella sepa quien se lo manda) y un mensaje adicional y le mandaremos el título y el link de la noticia a quien tú quieras.

:

:

:

2 Comentarios


Tivi, eres de las mías…ja..ja.. “los pensamientos que pueden pasar por tu mente cuando te anudas las botas”…ja..ja…:)
La foto, fantástica!!!!


Explicas a la perfección lo que se siente, cuando te sientes dentro de uno de esos libros escritos hace ya medio siglo.
Besos.

Haz un comentario